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El Bocas

De espadas y decisiones

Esta mañana, dándole vueltas al mundo como suelo hacer mientras me ducho, me vino una idea para una historia. he intentado plasmarla lo mejor que he podido, aunque parte de la esencia se me haya ido en estas horas. Las dos últimas frases las he "tomado prestadas" de Sin City, un cómic de Frank Miller, cuya película recomiendo a todo aquel que guste de los antihéroes (y tenga un buen estómago). Una frase genial, sin duda. He tratado de que el resto de la historia estuviese a la altura.

 

La injusticia de los justos.

 

Hemos perdido. Ya poco o nada queda por hacer salvo ver cómo todo se desmorona a nuestro alrededor. Observar impotentes cómo a cientos de metros, allá en las lomas, nuestros compañeros caen uno tras otro bajo espadas enemigas. Se apagan las almenaras que suplicaban por ayuda extraña, y su humo se eleva mientras es tiroteado por la marea de gotas de lluvia que hace de la mañana de hoy un momento más pesado si cabe. Nuevos soldados del bando vencedor, que no es el nuestro, llegan a caballo por el este, con sus grandiosas y malditas banderas en alto. La infantería, apurando ya las últimas cabezas que quedan por cortar, se reagrupa frente a la puerta de la fortaleza, justo tras el ariete. Madera de roble contra metal macizo. Los días contados, las horas contadas, los minutos contados. Manos manchadas de sangre que ha sido derramada inútilmente, espadas rotas en un vano intento por ganar una batalla que se sabía perdida de antemano. La impotencia de no haber sabido ser mejor que nuestro enemigo, la rabia de no haber tenido oportunidad de luchar en igualdad de condiciones. Lágrimas. Por nosotros, por los que cayeron ante nuestros ojos, por los que esperan dentro la llegada de lo inevitable. Cuando el sol se alce de nuevo, ya no quedará nada de lo que conocíamos. Sólo fuego, humo y derrota. Poco queda ya por hacer. Junto a unos diez caballeros más, nos hemos atrincherado ante el portón, frente al ariete. Con las espadas envainadas, sin saber muy bien qué hacer. Nos duelen las manos, apenas podemos mantenernos en pie y el humo impide que veamos con claridad. Está hecho. Sólo queda esperar. Pero no, espera. Con el poder que me otorga ser el capitán del regimiento, ordeno a los almeneros que abran la puerta. No es para mí, yo ya he hecho lo que tenía que hacer. O casi todo. Miro a los demás y les hago una señal con la mano para que se resguarden tras las murallas. Eso les dará tiempo, quizás el tiempo que les separe de la muerte. Antes de que se cierre de nuevo la puerta a mis espaldas, tengo tiempo de contemplar los ojos de una joven, enmarcados en un pañuelo que le cubre la cabeza. Brillan. Tienen esa esperanza que yo perdí horas atrás, días atrás. La puerta se cierra, aunque su imagen sigue viva en mi memoria. Pienso en ella cuando me vuelvo hacia el enemigo, cuando recuerdo cuál es mi obligación y cuando cierro mis puños con fuerza alrededor de la empuñadura de mi espada y la desenvaino con los ojos llameantes. Tengo el deber de luchar, de luchar hasta que no me quede aliento. Clavo mis pies en el barro, afirmando mi posición, y miro al frente. Al enemigo, al destino. A la muerte. Ninguno oye mi grito ahogado por el ensordecedor fragor de las máquinas de guerra y la caballería que se acercan cuando me lanzo a la batalla. Poco importa ya la vida de un tullido guerrero entre ese mar de gente. Pero recuerdo mientras me acerco a lo inevitable aquellos ojos, y lo que sí es importante. Poco se sabrá de mí mañana, pero es necesario. le dará a esa chica una última oportunidad de escapar con vida de este infierno. Sonrío irónicamente mientras alzo mi espada. Al este sale el sol, brindándome un último saludo mientras asoma por entre las lomas. El viejo muere, la chica vive. Me parece justo... 

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3 comentarios

Ángel -

Quizás porque los que se arriesgan siempre piensan que merece la pena salvar a los que siempre se salvan. Quizás siempre habrá salvadores y salvados, y siempre serán los mismos unos y otros, o por lo menos muy parecidos.
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juanlu -

Yo añado más, por qué siempre tienen que arriesgarse a "morir" los mismos y tener preferencia para "salvarse" también los mismos?

laura -

Será justo, pero porke siempre mueren los valientes.

GRACIAS.
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