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El Bocas

El Faro

A lo largo de todos estos años he descubierto que todos pasamos por momentos buenos y malos, algunos geniales y otros terribles. También he descubierto que, cuando todo parece cubrirse de tinieblas, siempre viene bien que aparezca alguien con una linterna. Sé que hay algunas personas que no están pasando por su mejor momento, y me veo en la necesidad personal de retomar el blog para escribirles una tontería más que se me ha ocurrido. Dedicado a esas personas; si necesitáis una linterna, apareceré con una farola.

 

EL FARO.

 

Para que tú me oigas escribí estas frases. Para que tú, como si de un viejo capitán gobernando un barco en mitad de una tormenta se tratase, vieses la pequeña luz de un faro anunciando tierra firme allá a lo lejos, tras los rayos, las afiladas gotas de agua y las enormes olas que, durante no sabes muy bien cuánto tiempo, te tienen paralizado. Para que recuerdes ahora más que nunca que hay dos tipos de capitán. Uno de ellos dejaría su barco a la deriva, a merced de la tempestad, rendido al cansancio, al miedo y a la desazón que da el verse solo, el creerse abandonado en no se sabe bien dónde ni tampoco muy bien por qué. Así, al menos, cuando el casco se resquebraje, caigan los mástiles y el agua lo anegue todo, los marineros que se encontraban a sus órdenes griten desesperados y un último remolino de espuma se lo lleve al mismísimo infierno, podrá echarle la culpa al maldito destino. Pero tú, y lo sabes tan bien como yo, no eres como ese capitán. No, tú eres como aquel viejo lobo de mar con cientos de batallas y tormentas a sus espaldas, tifones, penurias y luchas, que ante una situación tan adversa sólo sabe hacer una cosa. Ese capitán se mesa las barbas, otea en derredor como si el temporal no fuese con él, y hace, como ya he dicho antes, lo único que sabe hacer: agarra el timón, firme, erguido en lo alto de la toldilla, y lanza instrucciones claras, directas y seguras a todos y cada uno de los marineros que, quizás contemplando su actitud, se ven envalentonados por un valor que nadie sabe muy bien de dónde ha salido. Ese capitán, que eres tú, es consciente de que si lucha tiene una oportunidad de salir vivo de semejante epopeya, pero que si se rinde ante vientos, trombas y mares embravecidos en poco tiempo nada quedará ni de él ni de su barco. Y es ese capitán, el que aun en esa situación es capaz de mirar a la vida y a la muerte a los ojos, el que aún puede gritar que será él el que gane la batalla, quien se dará cuenta de que todo consiste únicamente en sabes aguantar un segundo más, tan sólo un segundo más. Y verá el faro, más tarde o más temprano, allá a lo lejos en el horizonte. Y cuando llegue a tierra firme, cuando llegues a tierra firme, entonces volverás la vista atrás asombrado de tu proeza. Y te sentirás orgulloso. Sentirás ese orgullo que sólo sienten los valientes, a los que se puso en este mundo para demostrar que imposible únicamente significa que nadie lo ha conseguido antes. Y justo en ese momento, mientras el cielo claree y aparezca un sol cegador que empiece a secarte las empapadas vestiduras, tal vez recuerdes que, como ya oíste en su momento, "todo pasa".

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5 comentarios

laura -

Aún espero campeón; no te sientes mal por tenerme todos los dias pendiente de si has actualuizado o no? :(.

Besos, pero pocos :P jajaja

laura -

Actualiza ya o me divorcio ;P y sin darte un duro jejeje.
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Marina -

XDD Me encanta el comentario de Juan ;P (aunque la historia tambien ;) )

Juan -

¡arrrrrrrr marinero!

Es muy bueno.

Laura -

Sólo puedo decirte una cosa: vuelve a leer "palabras gastadas".
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