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El Bocas

Otro cuentecito

 

Estaba el otro día en la biblioteca (fuente de inspiración abundante y que llevará unos días preguntándose dónde me he metido) leyendo el libro “Adiós a las armas” de Hemingway. Narra una historia de amor un tanto peculiar (rara y extraña, vamos) que tiene lugar durante la Primera Guerra Mundial. Este argumento me inspiró para escribir un nuevo cuentecito, una historia de ésas cortitas que me gusta poner aquí, nacidas para leerse rápido y tener una digestión lenta, tranquila, sin prisas. Espero que os guste, que la disfrutéis.


CARTA DEL SOLDADO DESCONOCIDO A LA AMANTE INEXISTENTE


Quizás te hubiese escrito esto si hubiese podido. Si hubiese tenido lápiz y papel y unos minutos más que los pocos instantes que me quedan. Si te hubiese conocido. Es ahora, tirado en el barro y con tantas heridas en el cuerpo como trozos de metralla, cuando siento que realmente me hubiera gustado dedicarte algunas palabras. Ni siquiera sé qué palabras, pero supongo que las más bonitas que se hubieran pasado por mi dura cabeza. Eso me decían mis compañeros de batallón: “mis últimos pensamientos serán para ella”. Algunos, por desgracia, ya han tenido ocasión de hacer honor a su palabra a lo largo de toda esta maldita guerra, y esta vez me ha tocado a mí. Se me han concedido esos mágicos aunque tristes segundos en los que antes de cerrar los ojos y despedirte lo ves todo con asombrosa claridad. Y aunque he tenido decenas de grandes amigos y una familia a la que he querido con locura, mis compañeros tenían razón: estos segundos son para ti. Aunque no sepa quién eres. Supongo que de haber existido serías menudita (nunca me gustaron las mujeres que me sacaban una cabeza) y con ojos... qué sé yo. No estoy ahora para collages. Seguro que habrías sido una mujer con carácter (y, conociéndome, me habrías traído de cabeza) pero a la vez con una ternura que sólo los que se la merecieran apreciarían. Quizás yo me habría pasado los días embobado mirándote, por el simple placer de tenerte ahí y poder contemplarte. También te habría dibujado mientras dormías, pues siempre se me ha dado bien el lápiz (cosa que ya sabrás aunque no me conozcas) tras haber pasado la noche entera amándonos y con la perspectiva de un nuevo viaje a Dios sabe qué mágico sitio en el día que amanecía. Quizás habría gastado los últimos años de mi vida en intentar hacerte feliz para poder serlo yo, quién sabe. Sí, me gusta pensar eso, imaginarme esos ojos, porque me tranquiliza.Ya no hay miedo ante lo que tenga que venir o lo que se vaya a ir. Quizás nunca te conocí, quizás te dejé escapar para que pudieses ser feliz lejos de mí y ahora disfrutas de una familia con dos o tres pequeñajos correteando por el salón. Sea como sea, gracias por estos segundos que son una vida. Te quiero. Aunque no sepa quién eres.

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4 comentarios

elian -

te estoy leyendo poquito a poco, y esto me ha recordado a una canción que alguna vez me han cantado... (y hasta aqui puedo leer) "mirando al cielo", parece que veo al soldado. besos y sigue desvariando de esta manera

laura -

"por estos segundos que son una vida entera" me encanta. Gracias Ángel; siempre es un placer leer tus escritos.
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Marina -

Oye, pues podias ir mas a menudo a la biblioteca, si el resultado son cositas como esta... (pero no a estudiar, eh, sino a inspirarte ;P)

elena -

:) jiji, mira quien tiene blog tb...

tb tu hijo mio ;)

me ha dado penita el soldado...un beso grande homeless...
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